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La última modelo, la obsesión del artista con una prostituta

Los artistas más grandes siempre han vivido obsesionados. Por su propia creación, por sus musas, por el implacable paso del tiempo, por su ego… Las personas que crean artes son diferentes al resto, y eso es algo que se evidencia especialmente en casos como los de los geniales Picasso, Spielberg o John Lennon. La disciplina es lo de menos. Da igual si hacen música, pintan cuadros o crean películas inolvidables. Estos creadores siempre están buscando historias que narrar, sentimientos que transmitir a través de sus obras. Y lo dan todo para conseguirlos, para obtener esa chispa que convierta un cuadro normal y corriente en una obra digna de estar en las mejores pinacotecas del mundo. Los artistas poseen una sensibilidad especial, pero esto va mucho más allá del propio arte, como vamos a ver en el caso de Alberto Giacometti. El artista suizo, pintor y escultor, pasó sus últimos años fascinado por una muchacha muy especial.

Y es que Giacometti era un genio con todas las letras, un tipo capaz de reflejar en sus dibujos y esculturas la esencia primigenia del ser humano como muy pocos lograban hacerlo. Su obsesión por conseguir la obra perfecta llegaba a tal punto que se encerraba durante semanas en su taller, perfilando sus esculturas y dibujos. La mayoría estaban basados en su hermano, su mujer Annette… pero al final de su vida conocería a Caroline. La joven, con solo 20 años y una actitud descarada, le conmocionó hasta tal punto que ya no quería más compañía que la suya. Le triplicaba la edad, pero la convirtió en su musa, en su deseo, en su obsesión. Y también fue su última modelo, agraciada con una belleza muy especial en su rostro, la parte del cuerpo que más obsesionaba al artista en esos últimos años. Dicen que ni siquiera la actriz Marlene Dietrich, amiga y amante ocasional de Giacometti, logró hacerle sombra a esa joven que, para más inri, trabajaba como prostituta en Montparnasse. Una relación tortuosa pero fascinante que fue llevada a la literatura en el libro La Última Modelo, escrito por Frank Maubert.

Un libro de Franck Maubert

Maubert es un escritor francés nacido en 1955, solo unos años antes de que Giacometti y Caroline cruzaran sus caminos. Tal vez fuera casualidad, o tal vez fue el destino, lo que llevó a este escritor y experto en arte a ver una exposición del suizo en Niza, y enamorarse, como aquel lo hizo, de la joven. Su mirada, su rostro, transmitían algo casi sobrenatural. Maubert no tardó en tirar del hilo y empezó a construir una historia que todavía estaba falta de muchos detalles. Por eso, ni corto ni perezoso, localizó a la propia Caroline, entonces ya una anciana, y le pidió que le contase su historia de amor. El resultado es una radiografía perfecta de la obsesión artística por la belleza, el amor y la perfección. Un  libro, La Última Modelo, que destila autenticidad y arte en cada una de sus páginas.

La historia de Giacometti y Caroline

Giacometti se había convertido en uno de los escultores más destacados del mundo ya en los años 50. Trabajaba solo, en su taller, utilizándolo como una especie de santuario donde creaba la magia perfecta para esas obras que luego todos aplaudían. Su faceta como pintor también encandiló al público, aunque para él era más un esbozo de su verdadera vocación como escultor. En los últimos años de su vida, el suizo se obsesionó especialmente por los rostros, y en concreto, por los ojos. Consideraba que en ellos habitaba toda la belleza que una obra necesitaba para trascender, para llegar a los demás. Buscó a numerosas modelos para utilizarlas como musas en sus trabajos, pero hasta conocer a Caroline no se entregó por completo a esa locura creadora.

Desde su llegada a la París de los años 20, Giacometti ya sintió un gusto especial por las mujeres de la calle. Reconocía que buscaba a las prostitutas en aquellos años jóvenes, que eran las únicas mujeres que le interesaban. Más tarde conoció a su mujer Anette y se casaron, sirviendo ella también de musa para muchas obras del artista. Todo cambiaría a finales de los años cincuenta, en un encuentro tan fortuito como inevitable. Caroline, una joven prostituta de apenas 20 años, se pasea por los locales de Montparnaasse buscando un poco de diversión y un hombre que le pague sus servicios. Giacometti se topa con ella y queda automáticamente fascinado por su rostro. Y esa fascinación da lugar a una obsesión que le tendría varios años en vilo, pero de la que también nacerían obras verdaderamente brillantes.

Una prostituta como musa

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Desde el mismo instante en el que se conocen, Giacometti queda totalmente prendado de la joven y la convierte en su musa. La lleva a su estudio y allí la dibuja de todas las formas posibles. Ella se muestra complacida por la atención al principio, pero pronto empieza a jugar con el pintor. Es halagador sentirse tan deseada, pero él le triplica la edad, y por más rico que sea, no puede darle la vida que ella quiere. Caroline desaparece por un tiempo, pero el escultor la sigue buscando. Sabe que no le queda mucho de vida. El cáncer le está consumiendo, y solo desea pintar a aquella muchacha descarada. Todo lo demás le da igual. Por eso se esfuerza en convencerla para que pose para él, y la relación se vuelve más y más tormentos.

Faubert consigue trasladar cada detalle de esta relación al libro de una manera prodigiosa. Lo hace con cierta candidez, pero con un talento arrollador, que llega mucho más lejos de lo que es habitual en este tipo de obras. Se concentra no solo en Caroline, sino en la propia obsesión de Giacometti. Nos muestra su estudio de creación para que entendamos mejor cómo funciona su mente, para que consigamos conectar de alguna forma con lo que nos transmite. Es un libro corto porque no necesita de grandes descripciones ni diálogos interminables que no dicen nada. Es la fuerza de la prosa de alguien que ha entendido una historia y la quiere contar de una forma potente, para que llegue a todo el mundo.

Un libro imprescindible para amantes del arte

La Última Modelo apareció en 2012 en Francia y consiguió ese mismo año numerosos premios de la crítica. Pocas veces un autor había conseguido reflejar de manera tan fidedigna la obsesión de un artista con una de sus musas. Maubert logró consagrarse como uno de los mejores escritores sobre arte, y seguiría con una larga trayectoria de ensayos y novelas sobre ese mismo tema. El libro fue traducido al español y editado por Acantilado en 2016, logrando también un éxito notable dentro de los círculos literarios. Su portada, además, provocó cierta polémica, al mostrar a una muchacha desnuda en una pose muy característica. Más allá de esto y del morbo que pueda provocar, su interior guardaba una de las mejores obras sobre pintura y creación que se pueden leer hoy por hoy.